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domingo, 29 de marzo de 2015

"Pancho", el otro nombre de Valparaíso



En el "Cerro Barón", perteneciente al Barrio "Almendral", se eleva la vetusta "Iglesia San Francisco", uno de los templos más antiguos, queridos y característicos de Valparaíso.
La historia nos cuenta que después de numerosos trámites y estudio se procedió a comprar las 14.000 varas de terreno que se necesitaban para la edificación del Convento franciscano que se componía de una casa de ejercicios, un claustro de dos pisos y una Iglesia. Esto sucedía en 1846, pero los franciscanos recién se trasladaron al nuevo edificio en 1851.
Los trabajos arquitectónicos de los edificios estuvieron a cargo de los padres: Diego Chuffa y Septimio Begamby.
El Templo posee un frontis de cal y ladrillo cuya construcción, posterior a la torre, se realizó en 1891. Todas las construcciones quedaron terminadas recién en 1893.
Su famosa torre, verdadero atalaya de la Iglesia, domina tosa la Ciudad y es visible desde todos los sectores del amplio anfiteatro que es nuestro puerto.
Los marinos la ubicaban desde lejos cuando sus naves recién dirigían sus proas hacia Valparaíso, valiéndose de la Torre de San Francisco como punto de referencia para enfilar sus embarcaciones. Ellos bautizaron por tercera vez a Valparaíso que comenzó llamándose "Quintil" antes de nominársele: Valparaíso.



Los marinos al divisar la rojiza torre de San Francisco exclamaban: allí está "San Francisco" y los menos devotos, pero más cordiales, decían : "Allá está Pancho".
Ese cariñoso nombre de "Pancho", fue repitiéndose y escuchado tan seguido y por tanto tiempo entre la marinería, entre la oficialidad y entre la población, que echó raíces populares entre los habitantes que aceptan este " sobrenombre" con cierto agrado, con infantil delicia.
Así, de pronto, sin que nadie pueda decir desde cuándo, "PANCHO" pasó a constituirse en el tercero y, a veces, único nombre de Valparaíso.
La torre de la "Iglesia San Francisco" del cerro Barón, de más de cuarenta metros de altura, fue durante muchos años el único faro existente para las naves que ingresaban a la bahía porteña. Su campanario posee tres grandes campanas que miden 1,40 metros de diámetro. Están montadas en gruesos caballetes de madera y cada uno de sus Badajoz pesa alrededor de cien kilos.



Este longevo templo, sigue siendo un verdadero atalaya que se eleva hacia lo alto, destacando su presencia como una mano amiga ofrecida por Valparaíso a los turistas y viajeros que arriban a sus lares por tierra o por las azules aguas del Pacífico.


                                                                               Fuente: Relatos y leyendas de Valparaíso

El apostol de Valparaiso


El 11 de Diciembre de 1827, el hermano franciscano Fray Andrés Caro se embarca hacia Valparaíso en la Goleta "Sir Tinxian", desde el puerto de Cobija, al que arriba después de dos semanas de navegación.
Fray Andrés, se había desempeñado durante 30 años como misionero en Bolivia. Venía de regreso a su "Granada" (España) en donde había nacido el 30 de Enero de 1769. En Valparaíso, debía esperar la llegada de algún buque en tránsito a Europa, pues en esos años no existían los actuales itinerarios.
Finalmente , arribó "El cometa", un barco que venía en malas condiciones, cuyo destino era el viejo continente. Tanto era el afán de llegar a su tierra natal, que , Fray Andrés, hizo caso omiso a las averías del navío y se embarcó en él.
No había navegado mucho "El cometa", cuando sufrió la abertura del caso. El capitán se desesperó creyéndolo perdido, pero el santo hermano se acercó a él pidiéndole que pusiera proa al norte rumbo a Valparaíso.
El cometa logró arribar a Valparaíso donde no pudo ser reparado y debió rematarse. Fray Andrés pensó, entonces, que su salvación y la de los tripulantes era un verdadero milagro y que había sido Dios quien había permitido su salvamento para que colaborara con las grandes necesidades religiosas que existían en el Puerto.
Fue así como comenzó una exitosa evangelización del lugar y fundó la Casa de Ejercicios del Cerro del Barón.



El religioso de constituyó en el consuelo de todos los enfermos. Nadie fallecía sin la atención de este Santo Apóstol de Valparaíso. Asía pasaron los años entre epidemias de Viruela y Escarlatina.
Para llegar a todos los enfermos que solicitaban su atención, viajaba en una destartalada carreta a través del accidentado relieve. Por aquél tiempo los enfermos de viruela eran conducidos hasta unas pobres chozas en el extramuros de Playa Ancha, donde se les abandonaba a su suerte, lejos de sus familiares. "Solo el Padre Cano no los abandonaba, era como un ángel de consuelo llevándoles auxilio para el alma y el cuerpo". Curaba a los valiorosos sin temor a sus erupciones pustulosas de las que extraía su pus. Nadie podía comprender cómo no se contagiaba con esa enfermedad tan infecciosa, sin contar con los acontecimientos y medicamentos necesarios, sólo con oraciones y acciones que eran más piadosas que científicas...
Todos creían que estaba asistido por Dios y que en esas convicción residía su seguridad en atender a los enfermos que ni sus propios familiares se arriesgarían a asistir.
Un halo de divinidad guiaba sus pasos transformándolo rápidamente en un ser casi sobrenatural, divino.



Tanto bien realizó el " Apóstol de Valparaíso" que la autoridad civil dispuso un bote que pudiera a cualquier hora del día, conducirlo entre "El Almendral" y "Playa Ancha".
Cuando envejeció, y ya no podía caminar, los fieles se disputaban el honor de conducirlo en sillita de manos. Durante 20 años sirvió a todos los necesitados del pueblo. El 18 de Junio de 1844, a la edad de 75 años, falleció siendo enterado de caridad, según consta en los correspondientes libros de la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, actual Parroquia La Matriz de Jesucristo El Salvador.

                                                                  Fuente: Relatos y leyendas de Valparaíso