| SOLA, CANCERÍGENA, AGONIZANTE y media loca en una de las pestilentes salas del Van Buren ha muerto la Negra Inés. Más triste y desolado aún fue su sepelio: cuatro personas aparte de su familia que no superaron a los acompañantes, entre su hija, nietos y yerno. No alcanzaron, así, a ser diez quienes ese mediodía, desde la parroquia San Vicente de Paul (ahí entre Gran Bretaña y la avenida Playa Ancha) hasta el cementerio del mismo cerro, acompañaron a la sin duda más famosa y legendaria cabrona que haya tenido el Barrio Puerto en la segunda mitad del siglo XX. |
| Mucho se decía sobre la Negra Inés. Al Terremoto fue al primero que le oí mentarla. Recuerdo como si fuera hoy, una tarde, en uno de los bares de la Echaurren (cuando la madeja de la historia del Puerto era no menos que un embrollo en mi cabeza y que el libro La Cuadra no tenía ni siquiera una oración escrita), luego de acosarlo no sé cómo con preguntas, éste me habló de ella. |
| Hasta entonces tenía relatos de algunos músicos, de cafiches, de garzones, de homosexuales, de lavanderas, de vecinos que se criaron e hicieron su vida ahí en Cochrane, en La Cuadra. Pero no tenía la voz de la mujer principal: la prostituta que le dio vida y calor a los tantos prostíbulos que allí funcionaron. Necesitaba perentoriamente un dato, un nombre, una dirección. Necesitaba el testimonio femenino. Pero lo que me dijo El Terremoto (y que después me lo confirmó certeramente El Justiciero) me sirvió de poco o nada. Más bien fue un dato desalentador. |
| "Mira -me dijo- pa' ver a una prostituta tendríai que ver a una vieja que es cabrona, es re jodía. Esa e' una de la' cabrona', e' la cabrona que que'a aquí en el Puerto. Esa to'o lo que tiene lo tuvo gracia' al fina'o Maricón Humberto. El Maricón Humberto, cuando se enfermó, ella lo cuidó hasta que murió y, en agradecimiento por haberlo cuida'o, el fina'o le regaló los prostíbulo', le regaló to'o: la señora Inés, la Negra Inés, le dicen. Es una de las má' antigua'. Compró hasta los espejos de los Siete Espejos. Esta vieja es vieja antigua, es má' antigua que nosotro'. Es media jodía, está media chalá de repente, tení que pillarla en un día güeno. Es de la' antigua' porque yo llegué de 7 año' a La Cuadra y la vieja debe haber tení'o 18, así que la vieja debe andar bordeando, fácil, los 75 año” |
| Al principio pensé que se trataba de una simple apreciación personal de estos viejos que por cuestiones del pasado (que ellos no más entienden) me estaban negando la posibilidad de contar con uno de los relatos más apasionantes y relevantes de la vida bohemia y prostibularia de las casas de citas del Barrio Puerto. Pero no se equivocaron. Pese a todos los intentos que hice, fueron todos en vano. O en realidad no tan en vano porque, claro, de alguna manera, su manifiesto rechazo de hablar sobre su pasado, su intento de pasar inadvertida en un mundo que la conocía y reconocía la hacía a su vez un personaje doblemente interesante y enigmático. La cuestión es que nunca pude sacarle palabra alguna a esta vetusta, prostituta y cabrona porteña. |
| Pero, ¿por qué ocultar su pasado? ¿Qué mundo de pasiones atesoraba esta mujer que dicen haber sido analfabeta, pérfida con sus protegidas, amante del Ñato Raúl, choro porteño (de los choros de verdad), heredera de los bienes del Maricón Humberto, entre otros tantos rumores que tejen los viejos del Barrio, para no querer compartir con nadie ni nada sus secretos? Sin duda hubiese sido enriquecedor para nosotros (arqueólogos de nuestro pasado, desenterradores de nuestra memoria local y popular) haber contado con el testimonio de la Negra Inés. |
| Hasta hace muy poco, la Negra Inés, era la última persona viva de un grupo de sujetos entre cafiches, cabrones, prostitutas y delincuentes que juntos constituyeron una historia sociocultural que se ha mantenido en la memoria y en el imaginario colectivo del porteño, y que se desarrolló y extendió hasta la mañana del 11 de septiembre de 1973. |
| Murió la Negra Inés. Es una pena, es una pérdida incalculable para la historia oral del porteño, puesto que antes que ella no se conoce, definitivamente no hay testimonio oral, sólo historia escrita o bien los recuerdos vagos de los que entonces eran apenas unos niños. Con esta mujer muere una generación fundadora y pionera de la bohemia que inauguró los esplendorosos años 50 del siglo pasado. Pero también con ella se fue la historia de las subjetividades, de ese torrente de pasiones y pulsaciones que no caben en ningún libro de historia. |
| Todo ese mundo marginal, suburbano, que giraba en torno a la fiesta, al sexo, al dinero fácil, al contrabando, a la comida, al trago, al sexo; toda esa cosmovisión popular de amores y desengaños, de traiciones y lealtades, de odios mortales y de amistades inquebrantables, se fue en gran medida con la Negra Inés. Sólo los viejos que por ahí pasaron: por el 35, por el 45, por el antiguo Louisiana y otros tantas casas de hueveos, saben lo que con su muerte la regenta Inés se llevó. |
| Con el silenciamiento irremediable de la Negra Inés se fue una parte importante de lo que fue la época dorada de la antigua bohemia porteña. Hoy sólo nos queda El Justiciero, que ya enfermo, solo y abandonado espera su turno. Está además El Terremoto que, aunque más joven, algún día también (como todos y cada uno de los que hicieron de La Cuadra un modo distinto de vivir la vida) le seguirá los pasos a doña Inés. |
| Así,
como siempre, en este devenir histórico y aunque los sujetos populares no
cuentan ya que no son importantes en la historia oficial que arman las
naciones, la Negra Inés igual tiene su sitial asegurado. Ahora descansa (en
paz o en discordia) en el panteón popular donde únicamente tienen cabida los
verdaderos próceres de la noche porteña.
Fuente de información: Barracuda |
Queda apenas un gemido, una tenue luz en la leyenda, inmóvil, como una grieta en el mármol, con su fortuna que aún resiste, cargando sus heridas, flaqueando sin soltura, en la ventolera sur, a su negado azar, hacia la escala que desciende. Es el olvido socavando la sortija, y la autoridad con aires de desidia. Es el patrimonio que reclama un gesto, una mirada soslayada, a la ciudad sempiterna que agoniza, es otra noche de luto recostada en la bahía. (Santiago Alonso, agosto 2004)
martes, 7 de abril de 2015
La Negra Inés, pionera de la bohemia porteña
lunes, 6 de abril de 2015
Valparaíso, la ciudad del viento (Joaquín Edwards Bello)
Fuente de información: Grupo del libro
| ...Entrada la noche, a fines de abril de ese año, los mecheros de gas no bastaban a disipar las tinieblas. Acompañábamos a un tal Viola por la calle del Olivar cuando sentí pasos apresurados, y una voz nerviosa a mis espaldas. Era la niña Caro, en su eterno vestido de manda y sus velos místicos. Se dirigió a nosotros en forma atropelladora; luego, llamándonos aparte y sin poder controlar las palabras, me expresó lo siguiente: |
|
-
Se está incendiando la oficina de mi padre. ¡Corran! El está adentro. En la
ventana central del tercer piso... – No alcanzó a explicar más.
|
|
Stepton
echó a correr por la Avenida. La firma comercial Caro y Pagani estaba cerca
de la Aduana, por el lado de línea férrea. Dos minutos no habrían
transcurrido cuando sonaron las campanas. Como enorme tablero de magia, la
ciudad entró en movimiento. El estrépito de los percherones de la Tercera, de
la inglesa, de la italiana y la francesa, hizo temblar los adoquines. El
paseo de la Plaza se desbarató, y ya todo el puerto no fue sino un solo
pensamiento: el incendio. Enjambres de chiquillos seguían detrás de los
bomberos o empujaban los gallos, gozosos, en la ansiedad de no perder detalle
de la fiesta porteña. Hombres maduros, jóvenes, bursátiles, peluqueros,
libreros, pasaban quitándose las chaquetas, o enrollando en sus cuellos las
toallas que sus esposas les pasaron a la carrera, junto con la llave y las
piolas. La frondosa nube de humo espeso, congestionada y roja en su centro,
subía por el cielo para alborozo y pasmo de los flamígeros porteños. Por fin
llegamos a la hoguera.
|
|
-
Allá – dijo Stepton a un voluntario -. Allá, en la ventana del centro.
|
|
Esta
transfigurado. Su voz es clara y viril. La escalera quedó colocada en la
ventana central del tercer piso. Sin quitarse el tongo de Presciutti, en
mangas de camisa, le vio el público trepando a las llamas. Llevaba el hacha
en la diestra y se movía con tanta soltura y gracia como en el Salón de
Patinar. Sonaron vidrios destrozados y el humo escapó cambiando de colores
como si cien genios malignos se soltaran por el aire en ropajes de ópalo, de
zafiros y rubíes. Entonces se vio una de esas proezas que afirman a los
espíritus y las retinas conservan para siempre. Blandiendo el hacha, ese
joven frágil, en camisa y de tongo, penetró en la casa incendiada. Chas,
chas, chas...
|
| El rostro resplandeció en el interior del cuarto iluminado. Se perdió dentro. Desapareció. |
|
Otros
bomberos subieron detrás con el pitón, y el chorro potente pareció refrescar
la escena.
|
|
El
público retuvo el aliento. De pronto un grito unánime: ¡Ahí está! ¡Ahí está
el joven! Stepton surgía de nuevo en la ventana destrozada, negro de humo,
entre las llamas y el agua. En sus brazos llevaba un bulto grande, un cuerpo,
un ser humano. Su cabellera estaba libre, sin sombrero; su cuerpo surgía en
medio de la calígine como arcángel en el cielo. Otros bomberos le ayudaron a
poner el cuerpo en la escalera y comenzaron a deslizarlo a la calle. Los
espectadores colocaron sobre la camilla el cuerpo del herido y el bombero
subió por segunda vez.
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|
-
¡Stepton! – Gritaron cien voces junto a la mía -, - ¡Stepton!
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|
Pero
él encaraba las hogueras y se internaba con el pitón en la tormenta de fuego,
sin hacer caso de las voces que le aconsejaban prudencia.
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|
La
casa incendiada constaba de tres pisos habitados por oficinistas y personas
de clase media. Al lado de la oficina de Caro y Pagani se encontraba una
pensión de familia.
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|
Stepton
y otros bomberos se esforzaron para sacar los muebles pequeños y las ropas de
cama modestas que arrojaban por las ventanas a la calle, donde los deudos o
las personas salvadas iban juntándolos. El público aumentaba y la policía era
impotente para mantenerlo dentro de las cuerdas. Yo había tomado clocación al
pie de la escalera por donde mi amigo subió. A cada instante le veía entrar o
salir por la ventana en llamas.
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|
Alguno
del público gritó para pedirle que tuviera cuidado. Sentí en ese momento que
una mano temblorosa estrechaba mi brazo. Era Elena. Cuando bajaron a Stepton,
asfixiado e inerte, y le pusieron en la vereda, todo el mundo quería verle.
¡Un tercerino! ¡De la bomba de los futres! Larga huella de sangre cruzaba su
cara de la frente hasta la boca.
|
|
-
No hay cuidado – dijo el doctor Grossi, después de examinar el pecho y los
brazos del joven.
|
|
-
¡Vive! – exclamó Elena. En el mismo instante se inclino a tierra, cerca de
él, y le hizo un arco protector con sus brazos encima de su cabeza. Después
limpió la sangre y el hollín de la cara; le restregó con su pañuelo diminuto.
|
|
-
¡Está vivo! – exclamaban en la calle - . - ¡Está vivo!
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|
Toda
esa noche, en el hondo silencio, se sintió palpitante el corazón potente de
las bombas por el lado de la Aduana...
|
| ... |
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Víctor
Lorenzo Joaquín Edwards Bello nace en Valparaíso el 10 de mayo de 1887. Hijo
de Ana Luisa Bello Rozas, nieta de Andrés Bello y Joaquín Edwards Garriga,
importante banquero.
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| Estudia en el Colegio Mackay y más tarde en el Liceo Eduardo de la Barra. Durante estos años su |
| vocación literaria manifestó sus primeros indicios. |
| Así junto a sus compañeros de colegio Alberto Díaz Rojas y Cayetano Cruz-Coke, fundó la revista |
| quincenal "La juventud". El primer número de esta revista fue publicado el domingo 17 de marzo de 1901.Un año más tarde publicó la revista El Pololo. |
|
Contra
los deseos de su padre, se dedicó tiempo completo a la literatura y al
periodismo. En 1910 publicó su primera novela, El inútil, que lo marcó para
siempre como rebelde y gran cuestionador de la realidad chilena, considerado
un feroz y despiadado crítico.
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Valparaíso,
su revitalización: Escritor cosmopolita, Edwards Bello conservó siempre su
apego al puerto donde nació, siendo inspiración para numerosos de sus
escritos. Valparaíso, la Ciudad del Viento es una de sus más conocidas
novelas, y fue publicada en versión inicial en 1931, aunque apareció más
tarde con el título de En el Viejo Almendral y en 1955 con el de Valparaíso,
Fantasmas.
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El
puerto fue también materia predilecta de sus crónicas, y según el mismo
confesaría, requería cada cierto tiempo volver en tren hasta el mar para
revitalizarse y rescatar los pasos perdidos
|
| de su infancia. |
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De
su producción literaria destacan novelas como El Roto, obra que encuentra su
antecedente en La cuna de Esmeraldo, publicada en 1918, El chileno en Madrid
y La chica del Crillón, en las que se manifiesta el espíritu de la época: la
búsqueda de una identidad nacional, la pretensión de mostrar al chileno en su
esencia, mejorar los vicios del pueblo y resaltar de manera solapada las
virtudes del criollo, empresa que compartieron diversos movimientos, entre
ellos el Mundonovismo, del que toma la estética naturalista para la
descripción tanto del espacio como de los tipos humanos y su recíproca
influencia.
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|
Edwards
Bello recibió el Premio Nacional de Literatura en 1943 y el Premio Nacional
de Periodismo en 1955.
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Sus
últimos años no fueron gratos. En 1960 sufrió un ataque de hemiplejia
bastante severo, del cual afortunadamente se recuperó gracias a los cuidados
de su esposa y de la dieta indicada por el doctor Manuel Lazaeta Charán.
Luego de una larga y sufrida enfermedad, que dejó sus piernas y cara
paralíticas.
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|
Uno
de sus amigos recuerda haberle oído decir:
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|
-
Si alguna vez me suicido, digan que fue así. Si no van a correr el mito, en
este país de mitómanos, de que me asesinaron.
|
|
Se
cerró así una larga y destacada trayectoria de un hombre en las letras
chilenas, que ha sido prolongada gracias a sucesivas ediciones de sus
crónicas realizadas por Alfonso Calderón.
|
|
En
el viejo Almendral; es novela fascinante. Situada a fines del 1800 y primeros
años del 1900. En ella el personaje principal es el niño, chiquillo, joven y
después adulto; Pedro La Cerda y
|
| Alderete, quien relata su vida en el puerto, Limache y Santiago contando de sus amores por la siempre bella Florita, sobre su estricto padre y, sus entretenidas andanzas. Desde muy pequeño hace amistades con el joven Jorge Stepton; quien con el correr de los años resulta ser miembro de la Tercera Compañía de Bomberos de Valparaíso, y quien se batiría a muerte para salvar la vida de los habitantes de cierto edificio que fuere presa de las llamas en el barrio del puerto. |
|
Dicha
novela relata de maravillosa y a veces ácida forma la vida del Valparaíso de
entonces.
|
|
...La
parte colonial de la ciudad, con sus iglesias viejas y feas, era el revés. La
población enriquecida prefería el plan, el Cerro Alegre y Viña del Mar, lo
más lejos posible del chango nativo, de la moral ñoña y de la hipocresía
levítica... Agregaría además que:
|
| ...En esa olla revuelta de razas se formaba un tipo de hombre inconfundible; de flor en el ojal y de chaleco de piqué: el porteño. Hombre nuevo que practicaba el Sandow y aprendía bailes novísimos don Franco Zubicueta: Boston, pas de Patineurs, Washington, Post y valse Renversante... |
|
Gabriela
Mistral dirá de él:
|
| …Hijo más reprendedor de su padre no le nació a nuestro viejo Chile, satisfecho y sentado en sus prestigios… |
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Joaquín
Edwards Bello se quitó la vida a los 82 años el 19 de febrero de 1968.
|
La animita de Dubois
Fuente de información: Universidad de Chile
El 7
de enero de 1905 es encontrado muerto en Santiago el contador Ernesto
Lafontaine. Había sido ultimado a golpes de laque de goma y apuñalado; el
móvil, el robo; el 4 de septiembre de ese mismo año moría el importador
Reinaldo Zillmanns, en Valparaíso, asesinado con laque de goma y puñal; el 4
de octubre, siempre del año 1905, era hallado muerto en Valparaíso don
Gustavo Titius, corredor de comercio. Armas con que fue atacado: laque de
goma y puñal, con el que se le mutilaron las manos; móvil, el robo; al año
siguiente, el 4 de abril de 1906, es asesinado en Valparaíso, de seis
puñaladas en la puerta de su casa, el comerciante Isidoro Challe; y el 2 de
junio, siempre en el puerto, se defiende de un asalto el dentista Charles
Davies: un varón de setenta años, atlético y deportista que se opone a los
golpes de laque y es tal la resistencia que hace huir al asaltante, pero éste
es perseguido en forma sensacional.
|
| Poco después de producirse el terremoto se le encontró debajo de unas latas, completamente transformado y cubierto con un poncho. Además, se había afeitado la barba. Los grillos y las esposas habían sido limados por miembros de la población penal. |
| Interrogado, contestó que sus compañeros de prisión le habían proporcionado un poncho y un sombrero y que le habían hecho las limaduras para que se fugara, pero no tuvo intención de huir. Los reos habían ideado una evasión y pensaban que él podía capitanearlos. |
| En lo mejor del proceso la policía de Santiago encuentra a los asesinos de don Ernesto Lafontaine, el primero de los asesinados. Tres delincuentes son apresados. Ladrones urbanos fueron obligados a confesar con los métodos de tortura de la época y condenados a muerte. Trasladados a Valparaíso, el juez no les reconoció culpabilidad y los indulta. |
| La prensa habló del caso, contra los sistemas policiales; y en el público se produjo una reacción a favor de los condenados injustamente ofreciéndoles un beneficio en un teatro de Valparaíso. |
| Los diarios siguen hablando de "un señor del crimen", "asesino silencioso", "artista del crimen", "el hombre del laque de goma", "el genio del crimen", "el hombre monstruo". |
| La defensa, su abogado Sanz Frías, como recurso pretendió presentarlo como un enajenado mental, irresponsable, que no merecía sanción, sino que la ciencia médica tenía que hacerse cargo de él. Dubois, al saber esto, se indignó y descalificó a su defensor que aducía que se trataba de un enfermo de manía criminal y le quitó de inmediato el poder, después de tildarlo de ignorante. |
| Él asumió su defensa, trató de comprobar que era inocente, que la causa era mal llevada. |
| Se defendió sin ayuda, lo que cumplió durante tres días en el tribunal de alzada; actuó con extraordinaria facilidad de palabra, originando estupor y desasosiego entre los ministros del tribunal. |
| La noche del último alegato, en una de las plazas de la ciudad se organizó un comicio público en favor de Dubois. |
| Consultado si creía que ese movimiento lo favorecía —"yo no podría decirlo"— dijo y añadió: "Vox populi, vox Dei". |
| No obstante, el Juez del Crimen de Valparaíso, don Santiago Santa Cruz Artigas, lo condenó a muerte por cuatro crímenes y un asalto. |
| En la madrugada del fusilamiento, muy temprano se le sirvió un café, luego atendió a Ursula Morales, que en compañía de su hijo venía a dar el último adiós al hombre al que había unido por amor su suerte desde hacía catorce años y que el día anterior había recibido por esposo ante los hombres. El mismo que en pocas horas más habría de perecer en el cadalso. |
| Confundidos en un solo abrazo permanecieron un largo rato. |
| Poco después de las siete de la mañana penetraron a la celda dos religiosos de la Compañía de Jesús. |
| Dubois dijo a uno de ellos que no necesitaba auxilio de ninguna clase. Como insistiera, tratando de convencerlo con frases cariñosas y persuasivas, el reo le respondió: "Yo creo en Dios, señor, ya lo he dicho, no soy hereje, pero no creo en sus representantes. Es inútil lo que ustedes me piden; yo me confesaré con Dios". |
| No vencido aún, el religioso le dijo: "Dios tiene misericordia infinita. Sus fallos son superiores a los de los jueces de la Tierra". |
| —"Sí, al juez necesita confesar, no a mí. Al juez que ha ordenado mi asesinato, a él vaya a inspirarle arrepentimiento, no a mí". |
| La mañana era fría y nebulosa. La hora avanzaba y la concurrencia estaba tensa. |
| De repente hace la entrada al patio el reo completamente tranquilo, acompañados sus pasos por el lúgubre sonido de los grillos. Un Dubois enérgico, indomable, con su largo pelo y barba rubia, cuidadosamente peinada y un cigarrillo puro recién encendido, que chupaba tranquilamente. Tuvo una frase de protesta que pocos oyeron: "Parece que aún estamos en los tiempos de Nerón, tanta gente para ver morir a una víctima". |
| Avanzó hasta llegar al banquillo y ocupó el fatídico asiento con tranquilidad. |
| Parecía contento de exhibir en el patíbulo su varonil figura y supremo valor. |
| No se le movía un músculo y el cigarrillo permanecía en sus dedos sin la más pequeña oscilación. |
| En medio de la inquietud del público se acerca el receptor al reo y comienza la lectura de la sentencia. Después de leer algunos párrafos éste lo interrumpe y le pide: "Abrevie... pase a la conclusión". Así lo hizo el receptor, que leyó sólo la denegación del curso de nulidad del indulto y el cúmplase de la sentencia. |
| Al instante se procedió a circundarlo con una cuerda en el banquillo, a lo que el reo protestó, pero como se le dijera que era indispensable, accedió de buen grado. |
| El público estaba sorprendido que mirara a la muerte cara a cara. |
| De repente se oye su voz: "Público, tengo que hablaros algo. Deciros que muero inocente y que el primer culpable de mi muerte es el juez señor Santa Cruz, que tergiversó mis declaraciones, cambiando los hechos y suponiendo cosas que nunca he hecho. |
| "Se hizo lo que no se había hecho en Chile, habilitar el feriado para matar a un hombre, como procedió la corte de Valparaíso. |
| "Se me ha condenado por crímenes que no he cometido, sin prueba alguna, esto lo dice este hombre desde el fondo de su corazón, y lo afirmó el Ministro señor Braulio Moreno, que confirmó todo lo que he dicho con su voto en la sentencia. |
| "Presenté mi solicitud de indulto ante el Excelentísimo Presidente señor Pedro Montt y también me fue denegado. |
| "Se necesitaba de un hombre que respondiese a los crímenes que se cometieron y ese hombre he sido yo. Muero, pues, inocente, no por haber cometido yo esos crímenes sino porque esos crímenes se cometieron". |
| Y terminó como quien da una orden: |
| —"Ejecutad". |
| Un murmullo sordo, mezcla de admiración ante ese valor indomable, de incredulidad, de compasión y hasta de protesta, acaso, se levantó en la concurrencia. |
| Dubois, entretanto, fumaba tranquilamente y paseaba su mirada por los espectadores. |
| Era indudablemente el único, entre todos los allí presentes, que parecía disfrutar de entera serenidad. |
| Al momento de vendarle la vista rehusó seriamente la operación y manifestó, siempre con su espantosa calma y dominio de sí mismo, con tranquilo tono — "Sólo les pido que apunten bien al corazón. |
| Luego el momento terrible, el paso del piquete de soldados que debía proceder. |
| La espada del oficial, levantada en alto descendió en un rápido movimiento. Partieron los tiros al unísono y el reo se desplomó sobre su asiento. |
| Los comentarios que procedieron se referían al valor frente a la muerte, otros se inclinaban a la conmiseración: no dudaban de una injusticia. |
| El cadáver fue llevado en camilla a uno de los departamentos de la cárcel y se procedió a colocarlo en un cajón que el alcaide había hecho construir para el efecto. |
| Un carretón de la tercera compañía condujo los restos al cementerio de Playa Ancha, más atrás en un coche iba Ursula Morales acompañada de su hijo. |
| Animita |
| En el cementerio se pagó la suma de seis pesos por los derechos correspondientes al período de un año. Se sepultó con el nombre de Luis Emilio Brihier Lacroix, el 26 de marzo de 1907 en el Cementerio Nº 3 de Playa Ancha, correspondiéndole la sepultura Nº 1 de la Corrida 1 del Cuartel Nº 7. |
| Un funcionario del cementerio escribió sobre la lápida del nicho gruesos caracteres al rojo: "Alias, Dubois". |
| Las primeras flores las colocó Ursula Morales. |
| El pueblo lo hizo "Animita", entró en su comprensión, siempre estuvo con él, gravitaba el desprecio que hizo de su abogado, la toma de su defensa, su matrimonio a horas de morir, la valentía que demostró camino hacia el banquillo, su hombría frente al receptor, el dirigir la palabra a los asistentes para decir por última vez que era inocente, el solicitar que no le vendaran la vista, que le dispararan al corazón y con voz entera dar la orden de la ejecución. |
| El pueblo no olvidaba que en estos crímenes, entre los primeros asesinados, se apresó a tres individuos de malos antecedentes como presuntos culpables. Después de varios meses de prisión y largos sufrimientos, se les encontró libres de toda culpa. |
| El pueblo sabe que no siempre la ley es sinónimo de justicia y que muy a menudo hace creer que lo verdadero resulta ser falso. |
| La "animita" pasó a favorecer a personas procesadas por delitos no cometidos, a víctimas de una injusticia. |
| Pasados los años se eliminaron las sepultaciones en ese cuartel y por razones de un nuevo trazado este sector se convirtió en Avenida y la osamenta pasó a la fosa común, junto a otros, en un espacio cuyo diámetro no sobrepasaba los 20 metros, a la orilla de un muro del deslinde cercano a un acantilado. |
| Aquí’ se levantó el recordatorio a Dubois y se habla de los "milagros" del "finaíto", de "don Emilio", de "Emilito" y su falso apellido lo escriben "Dubois", "Duvoim". |
| Tiene siempre flores y velas, no faltan imágenes de vírgenes y expresiones de gratitud en placas que provienen de todo el territorio nacional, de países vecinos y distantes como los Estados Unidos de Norte América (Nueva York). |
| Las visitas rezan con mucha unción, en silencio, conversan como consigo mismos, otras lloran, dejan sus "mandas" y se retiran. |
| Un cuidador coloca las velas y planchas, a la vez pone a disposición de quien lo desee plegarias, salmos y cánticos. |
| Un fervoroso devoto trabaja por la formación de un grupo que erogue dinero para levantar una capilla que pueda acoger con comodidad a quienes llegan a cumplir mandas. |
| Se le honra con misas. Luis Humberto Ramírez hace que se le oficie una misa en su memoria en la iglesia San Juan Bosco de Valparaíso. Se avisó la ceremonia por radios y diarios. |
| El año 1986 la administración del camposanto determinó hacer un traslado de la "animita", el tercero, dándole una nueva ubicación, lo que no dejó de provocar un revuelo. Aunque aquí’, como en el anterior lugar no reposan los restos del ejecutado, siguen venerando su "ánima" y agradecen sus milagros. |
| El pueblo no lo olvida y desde el año 1907 lo tiene en su memoria, se le recuerda en el cancionero popular y en miles de artículos, estudios, tesis y folletos. |
| Créditos: |
| Visitas: |
| 1965-1975 |
| Diarios: |
| "El Mercurio". El proceso Dubois. s/f Valparaíso, Chile 9- III- 1907 |
| "El Mercurio". El nuevo golpe para Dubois. s/f Valparaíso, Chile 14-III-1907 |
| "El Mercurio". Nuevo recurso del reo Dubois. Las emprende con la Excelentísima Corte Suprema—Grave incidencia en secretaria—El abogado del reo, señor Lamas, expresa que dará de balazos a los ministros y al secretario. s/f Valparaíso, Chile 16-III- 1907 |
| "El Mercurio". Emilio Dubois. Una visita al calabozo 15—Última entrevista con el reo—Sus ideas aventureras, sus aficiones literarias, su pesimismo. "Esta resignado, pero no dejará de proclamar su inculpabilidad. s/f Valparaíso, Chile 18-III-1907 |
| "El Mercurio". "Los crímenes de Dubois", s/f Valparaíso, Chile III-1907. |
| "El Mercurio". El reo Dubois en capilla. Hoy contrae matrimonio civil con Ursula Morales—Su ánimo bastante decaído—Publicación de sus memorias—Los últimos recursos del señor Bravo Zisternas (sic)—Interesante entrevista entre el reo y su abogado. s/f Valparaíso, Chile 25- III- 1907. |
| "El Mercurio". Emilio Dubois en el patíbulo. La última noche del reo—Espantosa tranquilidad—No quiere que lo aten al banquillo ni que le venden la vista—Se dirige a los asistentes como si defendiera su vida ante los tribunales, sigue todo—Dubois fuma un cigarrillo puro sentado en el banquillo—Impresiones de la asistencia—El público esta tembloroso y anodado mientras el reo lo mira perfectamente dueño de si. "Ejecutad y apuntad en el corazón". s/f Valparaíso, Chile 26-III-1907. |
| "El Mercurio". El fin de Dubois. Algunos nuevos detalles de su fusilamiento, sepultación de sus restos en el cementerio de Playa Ancha—La vía crucis de Ursula Morales.. s/f Valparaíso, Chile 27-III-1907. |
| "La Nación". Hugo Rolando Cortés, "Acerca de Emilio Dubois", Santiago de Chile, 29-XI-1967. |
| "El Mercurio". Daniel Schweitzer, "¿Cómo se llamaba el asesino Dubois?", Santiago de Chile, 29-XII-1970. |
| "La Estrella". Claudio Solar, "El criminal del siglo. Vida, amores, crímenes y el proceso Dubois basado en archivos y testimonios de la época", Valparaíso, Chile, 1981. |
| Obras: |
| Alfredo Rodríguez Rojas y Carlos Gallardo Cruzat. "La catástrofe del 16 de agosto de 1906 en la República de Chile", Santiago de Chile, 1906. |
| E. Tagle M. y C. Morales. "La verdadera historia de Dubois". Santiago de Chile, 1907. |
| Joaquín Edwards Bello. "Valparaíso", Santiago de Chile, 1963. |
| Claudio Espinoza Molina. "Los más sensacionales crímenes de Chile". "Dubois, el artista del crimen", Santiago de Chile 1966. |
| Carlos Droguett. "Todas esas muertes", España, Madrid, 1971. |
| Abraham Hirmas, "Emilio Dubois, un genio del crimen", Santiago, 1966. |
| René Vergara. "De las memorias del Inspector Cortés", Santiago, 1976. |
| Memoria: |
| Ventura Maturana. Memoria para optar al título de abogado. |
| Teatro: |
| Autor desconocido. |
| Obra costumbrista y policial. Drama histórico nacional en un acto y seis cuadros, escrito especialmente para el Circo Popular de la Empresa Díaz y Campo. Los títulos de los cuadros son: |
| 1) El crimen Fontaine, 2) La remolienda, 3) En Valparaíso, la policía burlada, 4) La captura de Dubois, 5) El matrimonio en la cárcel, 6) El fusilamiento. |
| Poesía popular: |
| Daniel Meneses. "Fusilamiento de Emilio Dubois", Imprenta Europa, Santiago de Chile, Rozas 1044. |
domingo, 5 de abril de 2015
Oda a Valparaíso (Pablo Neruda)
| VALPARAÍSO, |
| qué disparate |
| eres, |
| qué loco, |
| puerto loco, |
| qué cabeza |
| con cerros, |
| desgreñada, |
| no acabas |
| de peinarte, |
| nunca |
| tuviste |
| tiempo de vestirte, |
| siempre |
| te sorprendió |
| la vida, |
| te despertó la muerte, |
| en camisa, |
| en largos calzoncillos |
| con flecos de colores, |
| desnudo |
| con un nombre |
| tatuado en la barriga, |
| y con sombrero, |
| te agarró el terremoto, |
| corriste |
| enloquecido, |
| te quebraste las uñas, |
| se movieron |
| las aguas y las piedras, |
| las veredas, |
| el mar, |
| la noche, |
| tú dormías |
| en tierra, |
| cansado |
| de tus navegaciones, |
| y la tierra, |
| furiosa, |
| levantó su oleaje |
| más tempestuoso |
| que el vendaval marino, |
| el polvo |
| te cubría |
| los ojos, |
| las llamas |
| quemaban tus zapatos, |
| las sólidas |
| casas de los banqueros |
| trepidaban |
| como heridas ballenas, |
| mientras arriba |
| las casas de los pobres |
| saltaban |
| al vacio |
| como aves |
| prisioneras |
| que probando las alas |
| se desploman. |
| Pronto, |
| Valparaíso, |
| marinero, |
| te olvidas |
| de las lágrimas, |
| vuelves |
| a colgar tus moradas, |
| a pintar puertas |
| verdes, |
| ventanas |
| amarillas, |
| todo |
| lo transformas en nave, |
| eres |
| la remendada proa |
| de un pequeño, |
| valeroso |
| navío. |
| La tempestad corona |
| con espuma |
| tus cordeles que cantan |
| y la luz del océano |
| hace temblar camisas |
| y banderas |
| en tu vacilación indestructible. |
| Estrella |
| oscura |
| eres |
| de lejos, |
| en la altura de la costa |
| resplandeces |
| y pronto |
| entregas |
| tu escondido fuego, |
| el vaivén |
| de tus sordos callejones, |
| el desenfado |
| de tu movimiento, |
| la claridad |
| de tu marinería. |
| Aquí termino, es esta |
| oda, |
| Valparaíso, |
| tan pequeña |
| como una camiseta |
| desvalida, |
| colgando |
| en tus ventanas harapientas |
| meciéndose |
| en el viento |
| del océano, |
| impregnándose |
| de todos |
| los dolores |
| de tu suelo, |
| recibiendo |
| el rocío |
| de los mares, el beso |
| del ancho mar colérico |
| que con toda su fuerza |
| golpeándose en tu piedra |
| no pudo |
| derribarte, |
| porque en tu pecho austral |
| están tatuadas |
| la lucha, |
| la esperanza, |
| la solidaridad |
| y la alegría |
| como anclas |
| que resisten |
| las olas de la tierra. |
Fuente: Universidad de Chile
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